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Todos los insightsIA generativa y contratos: del borrador automático a la negociación asistida
En revisión contractual, la IA generativa rinde cuando se le da una tarea acotada y un criterio contra el cual comparar.
Por Felipe Besnier / / 2 min de lectura

La revisión de contratos es probablemente el caso de uso donde la IA generativa ha mostrado resultados más consistentes en equipos legales. También es donde más fácil resulta engañarse, porque la salida siempre parece competente.
Lo que funciona bien es la comparación contra un criterio definido. Si el equipo tiene una posición clara sobre plazos de pago, límites de responsabilidad o causales de terminación, pedir que se identifiquen las desviaciones respecto de esa posición es una tarea acotada, verificable y de alto valor. El sistema no decide nada: señala dónde mirar y por qué.
Lo que funciona mal es la pregunta abierta. Pedir que se revise un contrato y se digan los riesgos produce una lista genérica, plausible y poco útil, que además consume tiempo de descarte. La calidad del resultado depende casi por completo de cuán específica sea la instrucción y de si el modelo tiene acceso al criterio interno de la organización.
De ahí que el trabajo previo sea el que determina el resultado. Antes de automatizar cualquier revisión hay que tener escrita la posición de la organización: qué es aceptable, qué requiere aprobación y qué es innegociable. Muchos equipos descubren en ese punto que esa posición no existía como documento, sino como práctica compartida con variaciones importantes entre personas.
Un segundo uso sólido es la extracción. Sacar fechas, montos, partes, plazos de aviso y condiciones de renovación de una cartera de contratos que hoy vive en carpetas. Es un trabajo que a mano nadie hace por su costo, y que al hacerse abre posibilidades concretas de gestión: saber qué vence, qué se renueva solo, dónde están las obligaciones activas.
Sobre la fiabilidad, mi criterio práctico es distinguir tareas donde el error se detecta fácilmente de aquellas donde pasa inadvertido. Encontrar una cláusula que no está es difícil de verificar; comprobar que una cláusula señalada dice lo que se afirma es inmediato. Conviene empezar por el segundo tipo de tarea y mantener revisión humana donde la omisión sea el riesgo principal.
Y una precaución que no es menor: la confidencialidad de lo que se procesa. Antes de subir contratos a cualquier servicio, hay que saber dónde se almacenan, si se usan para entrenamiento y qué compromisos contractuales tiene la propia organización con sus contrapartes sobre el tratamiento de esa información.
Usada así, la herramienta no reemplaza la revisión: cambia dónde se concentra la atención del revisor. Ese es el beneficio real, y es suficiente.
Felipe Besnier — Legalmente Ágil


