¿Estamos utilizando IA para trabajar más rápido o para trabajar diferente?

La mayoría de los equipos legales usa IA para acelerar lo que ya hacía. La pregunta interesante es otra: qué deja de tener sentido cuando la velocidad deja de ser el problema.

Por Felipe Besnier / / 2 min de lectura

Ilustración editorial del artículo: ¿Estamos utilizando IA para trabajar más rápido o para trabajar diferente?

Casi todas las conversaciones sobre inteligencia artificial en equipos legales empiezan por el mismo lugar: cuánto tiempo se ahorra. Es una entrada razonable, porque el tiempo es la única unidad que la industria legal ha aprendido a medir bien. Pero es también una trampa cómoda. Si el único resultado de incorporar IA es hacer más rápido exactamente lo mismo, lo que se consigue es un equipo igual de saturado, solo que con más volumen.

He visto varias veces la misma escena. Un área legal incorpora una herramienta, empieza a redactar borradores en minutos y, tres meses después, la sensación general es de agotamiento. Nadie recuperó tiempo. Lo que ocurrió fue que la capacidad liberada se llenó sola, con trabajo que antes se posponía o que directamente no existía. La velocidad, por sí sola, no cambia la forma de trabajar: la intensifica.

Trabajar diferente implica otra pregunta, bastante más incómoda. No es qué tareas puedo acelerar, sino qué decisiones puedo tomar antes, con quién y con qué información. Un ejemplo concreto: si revisar un contrato tipo deja de costar dos horas, quizá el problema ya no sea revisarlo, sino que ese contrato tenga que llegar al área legal. Tal vez lo que corresponde es dejar que el equipo comercial lo cierre solo dentro de un rango definido, y que legal intervenga cuando algo se sale de ese rango.

Ese movimiento no lo hace la herramienta. Lo hace el equipo cuando decide reasignar el control. Y ahí aparece la parte que nadie vende en una demo: cambiar la forma de trabajar exige acordar límites, aceptar cierto riesgo y renunciar a revisar todo. La IA no elimina esa conversación; la vuelve inevitable.

También hay un efecto menos visible. Cuando un borrador aparece en segundos, cambia el momento en que se piensa. Antes, buena parte del razonamiento ocurría mientras se escribía. Ahora ocurre al revisar. Es una habilidad distinta: leer con criterio, detectar lo que falta, discutir el fondo en lugar de la forma. Los equipos que se adaptan bien suelen ser los que hacen explícito ese cambio y entrenan a las personas para ejercer ese criterio, en vez de asumir que aparece solo.

Mi criterio práctico para distinguir un caso del otro es simple. Si al retirar la herramienta el equipo vuelve exactamente al estado anterior, se estaba usando para ir más rápido. Si al retirarla quedan procesos, acuerdos y decisiones que ya no tienen vuelta atrás, se estaba usando para trabajar diferente.

La primera opción es legítima y a veces suficiente. Pero conviene saber cuál de las dos se está eligiendo, porque una mejora el rendimiento del sistema actual y la otra cambia el sistema. ¿Cuál de las dos estás haciendo hoy?

Felipe Besnier — Legalmente Ágil