02/Futuro del trabajo
Todos los insightsAbogado, ¿te estás adaptando o te estás justificando?
La transformación de la profesión legal ya está ocurriendo. Frente a ella, algunos abogados piensan en irse, otros siguen en piloto automático, otros se resisten buscando argumentos para no cambiar, se quedan en la queja o empiezan a actuar. Esta columna invita a reconocer 5 escenarios en dónde nos podemos encontrar en todo este proceso y qué estamos haciendo al respecto. Porque tener experiencia, estar ocupado o hablar de innovación no garantiza que sigamos siendo relevantes para quienes nos contratan.
Por Felipe Besnier / / 6 min de lectura

¿En cuál de estas cinco etapas estás como abogado?
Puede que creas que la Inteligencia Artificial es una moda exagerada y estés esperando que pase su boom. Que hayas probado un par de herramientas y sientas que ya te pusiste al día. O que lleves meses hablando de transformación mientras tu manera de trabajar sigue exactamente igual, pero si mañana un cliente o tu jefe te preguntara qué has cambiado en el último año para prestarle un mejor servicio, ¿qué podrías mostrarle?
Hace unos días vi un post en LinkedIn de Jonas Suarez, a quien recomiendo seguir si te interesa el diseño de productos, sobre cómo los profesionales del diseño reaccionan a los cambios del mercado. Me hizo pensar en nuestra profesión.
Tomando esa idea como punto de partida, quiero plantearte cinco escenarios en los que muchos abogados y abogadas se encuentran al enfrentarse a los cambios tecnológicos que vive la industria legal. Quizás te reconozcas en más de uno o quizás estés tan agotado que ya hayas pensado en dejarlo todo y cambiar de rubro.
Estos escenarios no siguen necesariamente un orden: podemos pasar de un estado a otro durante una misma semana. Lo interesante del ejercicio es reconocer dónde estamos y cuánto tiempo llevamos ahí.
1. Estás pensando en cambiar de rubro.
La profesión dejó de parecerse a lo que esperabas. Sientes que cada vez se exige más, que cuesta diferenciarse y que ahora, además, tienes que aprender a trabajar con herramientas que nadie mencionó cuando estudiaste.
Buscar otro camino es legítimo. Pero antes conviene hacerse una pregunta: ¿quieres dejar de ser abogado o dejar de trabajar como estás trabajando? Porque ejercer de una sola manera durante años puede hacernos creer que esa manera es toda la profesión. Tal vez lo que se agotó fue tu modelo de ejercicio, el tipo de organización en que trabajas o el servicio que ofreces. Esa diferencia merece ser examinada antes de abandonar lo que sabes hacer.
2. Sigues funcionando en piloto automático.
Tienes muchos asuntos pendientes, poco tiempo, clientes a los que responder y una agenda que apenas te deja respirar. La transformación puede esperar. Cuando baje la carga, aprenderás.
Sin darte cuenta, tu propio trabajo se ha vuelto en una forma de procrastinar la decisión de tomar las riendas, aprender y subirte a las nuevas herramientas y tendencias. Esta etapa puede ser especialmente cómoda para muchos, porque estar ocupado se parece mucho a estar avanzando (pero claramente no lo es). Incluso puedes estar facturando bien y no sentir la necesidad de cambiar ni adaptarte. Pero tu agenda de hoy no te dice cuánto valor tendrá mañana lo que haces ni cómo otros ya están resolviendo esos mismos problemas. Mucho menos te permitirá construir una visión de mediano y largo plazo para desarrollar y escalar tu carrera profesional o tu negocio legal.
Mira tu última semana o mes: ¿cuánto tiempo destinaste a mejorar tu forma de trabajar? Si la respuesta es "nada", ya estás tomando una decisión sobre tu futuro, aunque probablemente no sea la que más réditos te aporte en el mediano y largo plazo.
3. Estás reuniendo argumentos para no cambiar.
"La IA se equivoca". "Inventa sentencias". "No entiende al cliente". "No asume responsabilidad". "Yo lo hago mejor." Todo eso merece atención y exige controles.
Este tipo de frases abundan en las conversaciones entre colegas abogados y abogadas. Pero cabe preguntarse: ¿quien las sostiene está realmente estudiando esas limitaciones para trabajar mejor, o las utiliza para justificar que no necesita, no quiere o le resulta demasiado complejo aprender algo nuevo? Los abogados estamos formados para encontrar argumentos y en este escenario esta habilidad tiene mucho valor. Sin embargo, sostener durante mucho tiempo este argumento, al final del día, provocará un daño enorme a nuestro propio desarrollo profesional.
4. Te quedas en la frustración y la queja
Te costó años llegar hasta donde estás. Estudiaste e invertiste en tu formación, adquiriste experiencia y construiste una reputación. Sin embargo, ahora parece que todo debe hacerse más rápido y con inteligencia artificial.
La frustración tiene sentido, pero ¿qué estás haciendo con ella? Un cliente o tu jefatura difícilmente te contratarán para compensar el esfuerzo que te costó formarte. Tienen un problema y necesitan entender por qué eres una buena opción para resolverlo.
Si cada conversación termina en que los clientes ya no valoran nada o que tu empleador exige nuevas competencias, quizás convenga revisar cuánto les estamos ayudando a reconocer nuestro aporte. ¿Entienden lo que reciben? ¿Saben qué decisión tomar después de escucharnos? ¿Perciben una diferencia en lo que tú aportas como profesional, incluso cuando una parte importante del trabajo ya puede hacerse con inteligencia artificial?
La queja permanente se convierte en hábito y puede ser la barrera más grande para dar el paso y salir de ella.
5. Estás cambiando algo concreto.
Has elegido un proceso, lo has revisado y estás probando cómo mejorarlo. Aprendes a utilizar herramientas y a verificar sus resultados. Preguntas a tus clientes qué les cuesta entender. Propones a tu jefatura mejoras y nuevas formas de hacer las cosas, apoyadas en nuevas herramientas y tendencias. Revisas cómo cobras, cómo comunicas y dónde se atasca el trabajo.
Probablemente todavía tengas dudas. Lo nuevo genera incertidumbre e, incluso, para muchos, un temor válido. Pero lo que distingue esta etapa es que ya puedes mostrar una decisión y sus efectos.
Estas dando pasos: una tarea realizada en un tiempo notoriamente menor. Una explicación más clara. Menos errores. Un servicio que antes no podías ofrecer a tus clientes o dentro de tu trabajo. Si todo esto lo ves desde otra perspectiva, también es tiempo recuperado para estudiar y formarte en todo lo nuevo.
Pero ojo: debemos ser exigentes con nosotros mismos y no mentirnos. Haber asistido a un webinar o pagar una suscripción a una herramienta no demuestra que tu práctica haya cambiado. Fórmate, prueba y mejora tus procesos, para que al cabo de unas semanas puedas responder esta pregunta: ¿qué haces hoy de una manera distinta y qué mejoró gracias a eso?
¿En cuál de estos cinco puntos estás o has estado?
Todo lo nuevo puede cambiar nuestra posición en el mercado sin que desaparezca la profesión. Durante años, saber más y acumular experiencia nos permitió sentir que avanzábamos hacia un lugar seguro. Sin embargo, volver a aprender nos expone: nos devuelve a preguntas básicas y a la posibilidad de equivocarnos frente a personas con menos trayectoria. Es un fenómeno profesional que hoy vemos con frecuencia.
La experiencia debería ayudarnos a aprender con mayor profundidad. Usarla como excusa para no aprender termina limitando su valor. Si llevas tiempo diciendo que la profesión tiene que transformarse, pero tu trabajo sigue igual, esa reflexión también habla de ti. Y si ni siquiera te lo habías planteado, quizá ya es hora de un remezón.
Felipe Besnier
Abogado
Agente de Transformación Digital, EAE Business School Barcelona
Magíster en Derecho de la Empresa, LL.M., PUC


