02/Futuro del trabajo
Todos los insights¿Qué es Legal Engineering? Cuando Derecho, tecnología y diseño de procesos se encuentran
El Legal Engineering está emergiendo como uno de los nuevos perfiles de la transformación de la industria legal. A medio camino entre el Derecho, la tecnología y el diseño de procesos, el Legal Engineer busca repensar cómo se organiza, ejecuta y mejora el trabajo jurídico. En esta nota revisamos el origen de este rol, qué habilidades requiere y por qué su consolidación plantea un desafío creciente para la formación universitaria.
Por Felipe Besnier / / 9 min de lectura

Durante mucho tiempo, la formación jurídica ha estado orientada a responder una pregunta fundamental: ¿qué dice el Derecho y cómo debemos aplicarlo?
Esa pregunta sigue siendo esencial. Pero la transformación digital legal está poniendo otra sobre la mesa: ¿cómo convertimos ese conocimiento jurídico en procesos, productos y sistemas que permitan prestar mejores servicios legales?
Es precisamente en ese espacio donde aparece y se escucha cada vez con más fuerza un nuevo perfil profesional: el Legal Engineer.
No hablamos necesariamente de un abogado que sabe programar con Python o JavaScript, ni de un ingeniero que estudió por completo el Código Civil. Hablamos de un profesional capaz de moverse entre ambas dimensiones y, sobre todo, de entender cómo transformar conocimiento jurídico en soluciones que puedan implementarse, automatizarse y escalarse.
¿Qué es Legal Engineering?
El Legal Engineering puede entenderse como un perfil profesional en el que convergen el diseño de productos, los procesos y la tecnología aplicados al trabajo jurídico, con el objetivo de crear soluciones legales más eficientes, escalables y centradas en las necesidades de sus usuarios.
Mientras el abogado tradicional se ha concentrado históricamente en resolver problemas legales, un Legal Engineer se pregunta también cómo debería funcionar el sistema que permite resolverlos, con el propósito de optimizarlo, mejorarlo continuamente y generar valor permanente para sus usuarios.
Por eso, el trabajo del Legal Engineer puede ir desde el mapeo de procesos y la automatización de documentos hasta el diseño de workflows, la implementación de herramientas LegalTech o la incorporación de inteligencia artificial en determinadas tareas jurídicas. No se trata simplemente de sumar tecnología, sino de diseñar mejores formas de realizar el trabajo legal.
Aquí es importante aclarar una idea que suele prestarse a confusión: el Legal Engineer no nació con la inteligencia artificial. Aunque el concepto ha ganado visibilidad con la expansión de la IA aplicada al Derecho, sus antecedentes son bastante anteriores.
En 1986, Richard Susskind, abogado, académico y uno de los principales referentes internacionales en Derecho y tecnología, utilizó en su tesis doctoral y, posteriormente, en su libro Expert Systems in Law la expresión legal knowledge engineer, o ingeniero de conocimiento jurídico, para referirse a profesionales capaces de estructurar conocimiento jurídico dentro de sistemas tecnológicos. Aunque ese concepto no coincide exactamente con lo que hoy entendemos por Legal Engineer, sí puede considerarse un antecedente importante en su evolución. La tecnología de entonces era muy distinta, pero la pregunta de fondo resulta sorprendentemente actual: ¿cómo transformar conocimiento jurídico especializado en algo que pueda ser utilizado de manera estructurada por un sistema?
Décadas después, el concepto comenzó a adquirir una dimensión profesional más concreta. En 2016 se fundó en Reino Unido Wavelength Law, considerada una de las primeras firmas enfocadas específicamente en Legal Engineering, combinando Derecho, tecnología, datos y diseño. Posteriormente fue adquirida por Simmons & Simmons.
Hoy encontramos Legal Engineers en despachos, departamentos legales, consultoras y empresas LegalTech. La inteligencia artificial, por tanto, no creó el Legal Engineering. Pero sí está acelerando su desarrollo y haciendo mucho más visible la necesidad de estos perfiles.
Entonces, ¿qué hace realmente un Legal Engineer?
Probablemente la mejor forma de explicarlo sea con un ejemplo. Frente a un proceso de revisión de contratos, un abogado puede concentrarse en analizar el documento y entregar una respuesta jurídica. Un Legal Engineer observa además todo lo que ocurre alrededor: cómo ingresa la solicitud, qué información se necesita, cuánto tiempo toma, dónde aparecen los retrasos, qué decisiones se repiten, qué elementos agregan poco valor y qué tareas podrían automatizarse.
A partir de ese análisis, puede rediseñar el proceso, incorporar reglas, tecnología o inteligencia artificial y definir en qué etapas sigue siendo necesaria la intervención profesional.
Como se ve en este ejemplo, el conocimiento jurídico sigue siendo fundamental. Lo que cambia es el foco. El problema deja de ser solamente el contrato y pasa a ser también el sistema mediante el cual ese contrato se revisa.
Las habilidades de un Legal Engineer
Un Legal Engineer necesita entender el problema jurídico, pero también debe tener capacidad para analizar procesos y comprender qué puede mejorar, estandarizarse o automatizarse.
Necesita además cierta fluidez tecnológica. No necesariamente saber programar, sino entender las posibilidades y limitaciones de herramientas LegalTech, automatización, inteligencia artificial, datos o soluciones low-code y no-code.
Pero quizás su habilidad más importante sea otra: traducir. Traducir las necesidades de los abogados a algo que un equipo tecnológico pueda construir. Tomar un lenguaje “A” y convertirlo en un lenguaje “B”, de forma que las distintas personas y disciplinas que participan en la cadena de creación y entrega de un producto o servicio legal puedan entenderse, coordinarse y trabajar con la menor fricción posible.
Por eso, el Legal Engineering no surge de manera aislada, sino que se alimenta de disciplinas que ya venían transformando la forma de organizar y prestar servicios legales. Legal Operations, Legal Product Design, Agile, con roles que personalmente he impulsado como el Legal Master, Legal Project Management o la experiencia de usuario (UX) comparten una misma lógica: entender mejor cómo trabajamos, cómo se relacionan las personas, los procesos y la tecnología, y cómo todo eso puede traducirse en mejores productos y servicios legales. En ese cruce es donde el Legal Engineering empieza a encontrar su espacio propio.
El gran problema: estamos creando Legal Engineers antes de aprender a formarlos
Aquí aparece uno de los desafíos más interesantes. Hoy ya existen Legal Engineers. Sin embargo, muchos de ellos nunca estudiaron para convertirse en Legal Engineers. Llegaron a ese rol después de ejercer como abogados, trabajar en innovación, implementar tecnología, participar en proyectos de automatización o acercarse progresivamente a disciplinas como Legal Operations o diseño de servicios.
En otras palabras, el mercado está comenzando a reconocer un perfil profesional que las universidades todavía están aprendiendo a formar o no están ni cerca de hacerlo. Sin embargo esto empieza lentamente a cambiar. Stanford Law School, por ejemplo, anunció en 2026 su Legal Engineering Academy, con un programa que comenzará en 2027 y abordará materias como inteligencia artificial, workflows, gobernanza e implementación de soluciones.
Algo similar comienza a observarse en latitudes más cercanas a la realidad iberoamericana. En Chile, por ejemplo, la Facultad de Derecho de la Universidad del Desarrollo anunció un nuevo Doble Grado en Ingeniería Comercial y Derecho, desarrollado junto a la Facultad de Economía y Negocios de la misma universidad. Si bien no se trata propiamente de una formación en Legal Engineering, sí refleja una tendencia relevante: avanzar hacia perfiles más híbridos, capaces de integrar conocimientos jurídicos con una comprensión más amplia de los negocios, la estrategia y el funcionamiento de las organizaciones.
Por su parte, en España, la Universidad Pontificia Comillas ICADE ofrece un Doble Grado en Derecho y Business Analytics que combina la formación jurídica con competencias en ciencia de datos, machine learning, Big Data e inteligencia artificial. Si bien tampoco trata propiamente de una carrera de Legal Engineering, resulta especialmente interesante porque evidencia un cambio en la formación jurídica tradicional: comenzar a integrar desde la universidad conocimientos tecnológicos, analíticos y de negocio que hasta ahora muchos profesionales adquirían principalmente a través de la experiencia.
Los ejemplos son una señal importante del giro formativo que está tomando la tan tradicional carrera de Derecho. Pero también demuestra que todavía estamos en una etapa temprana de formalización académica.
¿Cómo debería formarse un Legal Engineer?
Este punto resulta especialmente interesante, sobre todo para aquellos que tienen la responsabilidad formativa de los futuros profesionales. Probablemente el error sería convertir el Legal Engineering simplemente en otra especialidad jurídica, ya que su valor está precisamente en conectar disciplinas y no ser exclusivamente parte de una.
Dicho lo anterior la formación debería combinar Derecho con procesos, tecnología, datos, diseño, gestión de proyectos y construcción de soluciones. No para transformar a cada abogado en programador, sino para entregar herramientas que permitan entender cómo se diseñan y funcionan los sistemas mediante los cuales prestamos servicios legales.
Incluso, este proceso formativo debería poner el foco en algo todavía más importante: aprender a cuestionar un proceso antes de automatizarlo. Aquí, el diseño de productos, otra disciplina sobre la que escribo bastante y que también está dando origen a nuevos roles para la profesión legal, como el Legal Product Designer, aporta herramientas y metodologías de gran valor, entre ellas el Discovery y la investigación con usuarios, conocido como Research, que permiten identificar problemas, formular hipótesis y validarlas antes de desarrollar una solución.
Lo anterior es clave, porque digitalizar un mal proceso no necesariamente lo mejora. A veces simplemente permite hacer mal las cosas más rápido. En este sentido, el Legal Engineering obliga primero a preguntarse por qué hacemos algo de determinada manera y solo después decidir qué tecnología puede ayudarnos a hacerlo mejor.
Una oportunidad para reinventar la profesión
El avance acelerado de la tecnología y la inteligencia artificial no solo está transformando la forma en que trabajamos. También está abriendo nuevas oportunidades profesionales en una industria legal que, en muchos mercados, ya no puede absorber a todos quienes buscan desarrollarse dentro de los espacios tradicionales.
Ahí aparece una oportunidad enorme. Legal Engineering, Legal Operations, Legal Product Design, LegalTech o la automatización jurídica están creando nuevos caminos para profesionales que quizás no encontraron su espacio en el ejercicio clásico del Derecho.
Para las universidades, el desafío será formar esos perfiles. Para los profesionales, entender que el futuro no pasa necesariamente por competir por los mismos roles de siempre, sino también por prepararse para ocupar otros que recién están comenzando a construirse.
No todos los abogados serán Legal Engineers. Pero todos deberían entender lo que hacen
Durante años hemos hablado del supuesto “abogado del futuro” como si existiera un único perfil hacia el cual debiera evolucionar toda la profesión, sin embargo, lo que está ocurriendo es exactamente lo contrario.
Lentamente estamos viendo una diversificación de los nuevos perfiles legales: Legal Operations Managers, Legal Product Designers, especialistas en inteligencia artificial, profesionales de innovación y Legal Engineers, entre muchos otros.
No vienen necesariamente a reemplazar al abogado tradicional. Vienen a ampliar el ecosistema profesional alrededor del Derecho. Y el Legal Engineer representa especialmente bien este cambio porque no se limita a introducir nuevas herramientas. Nos obliga a repensar cómo se diseña y ejecuta el trabajo legal.
Durante décadas hemos formado profesionales capaces de interpretar normas, construir argumentos y resolver problemas jurídicos. El siguiente desafío será también formar personas capaces de transformar ese conocimiento en mejores procesos, mejores productos y mejores servicios. Quizás ahí esté la esencia del Legal Engineering: diseñar la manera en que Derecho, procesos y tecnología pueden trabajar mejor juntos.
Felipe Besnier
Abogado
Agente de Transformación Digital, EAE Business School Barcelona
Magíster en Derecho de la Empresa, LL.M., PUC


