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Service as Software: la oportunidad de los despachos para crecer sin multiplicar costos

Como planteó este año Julien Bek, socio de Sequoia Capital, en su columna Services: The New Software, la IA abre la oportunidad de construir empresas prestadoras de servicios que utilicen software para entregar el trabajo completo. Para los despachos de abogados, esta idea ofrece una vía para crecer con economías de escala y reducir su dependencia de contratar más personas para atender más clientes. Automatizar tareas repetitivas y diseñar procesos reutilizables permite aumentar la capacidad sin incrementar los recursos en la misma proporción. Así, las empresas de servicios jurídicos pueden incorporar parte de la lógica del modelo SaaS para reducir el costo por encargo y maximizar sus beneficios.

Por Felipe Besnier / / 12 min de lectura

Ilustración editorial del artículo: Service as Software: la oportunidad de los despachos para crecer sin multiplicar costos

¿Qué pasaría si un despacho pudiera duplicar sus clientes sin tener que duplicar el equipo que los atiende o, incluso, disminuirlo? Durante años, esta posibilidad ha parecido mucho más cercana a una empresa de software que a una prestadora de servicios jurídicos. Pero los tiempos han cambiado y hoy existe una oportunidad única que solo algunos están aprovechando.

La inteligencia artificial abre una oportunidad para transformar la estructura de costos de los servicios legales y mejorar su rentabilidad. Esta posibilidad conecta con el modelo que algunos conocerán como Service as Software, o Servicio como Software, en el que el cliente contrata un servicio cuyo trabajo se ejecuta esencialmente mediante software e IA, con la intervención profesional necesaria. Al organizar su entrega mediante procesos y tecnología reutilizables, atender a más clientes puede requerir menos trabajo adicional. Cuando el aumento del volumen permite reducir el costo promedio por servicio, se generan economías de escala. Así, los costos totales pueden crecer más lentamente que los ingresos y una mayor parte de la facturación puede convertirse en beneficio. Para los despachos, esta oportunidad invita a repensar cómo diseñan sus servicios y aprovechan el conocimiento de sus profesionales.

El límite económico del despacho tradicional

En un despacho de abogados donde el trabajo se desarrolla esencialmente de forma manual, cada nuevo cliente exige nuevas horas de trabajo. Esto significa que las tareas siguen dependiendo, en gran medida, de una persona que las ejecute. No existen automatizaciones ni flujos agentizados que puedan realizar múltiples tareas repetitivas en minutos, por lo que cumplir el alcance de cada encargo demanda muchas horas de trabajo profesional.

Mientras exista capacidad disponible, el equipo puede absorber más asuntos o incluso requerirse menos personas para ciertos procesos. Sin embargo, cuando esa capacidad se agota, crecer suele exigir contratar, externalizar o aumentar la carga de trabajo. A ello se suman los costos de selección, formación, coordinación y supervisión. El despacho factura más, pero sostener ese crecimiento también se vuelve más caro.

El problema se hace especialmente visible cuando abogados y abogadas dedican horas a labores repetitivas que podrían resolverse de otra forma. Un recurso profesional costoso termina utilizándose para recopilar datos, mover información entre sistemas o contestar una y otra vez la misma pregunta.

Mucho antes del auge de la inteligencia artificial ya existían herramientas que permitían generar ciertas economías de escala para las empresas prestadoras de servicios, como la especialización profesional, las plantillas de escritos y las plataformas de compartidos para equipos. Sin embargo, mientras la entrega del servicio dependa principalmente de sumar horas de trabajo por cada asunto, la capacidad de expandir el negocio sin aumentar proporcionalmente sus recursos seguirá siendo limitada.

Por qué el SaaS tiene una lógica diferente

Para entender esta diferencia, conviene mirar el modelo SaaS, que representa una lógica de negocio muy distinta a la prestación tradicional de servicios profesionales. SaaS es la sigla de Software as a Service, o software como servicio. En la práctica, una empresa tecnológica desarrolla una aplicación web a la que sus clientes acceden por internet, habitualmente mediante una suscripción.

Esta aplicación suele tener una arquitectura multiusuario o multitenant, que permite atender a numerosos clientes desde una misma base tecnológica, sin tener que desarrollar una solución distinta para cada uno. Cada cliente mantiene su propio entorno o ambiente y sus datos se mantienen completamente separados de los demás, mientras la empresa administra, mejora y escala un único producto.

La ventaja económica del modelo SaaS está en la reutilización. El proveedor de un programa de gestión no necesita construir una aplicación nueva cada vez que incorpora a otro despacho o usuario. Una misma base tecnológica puede atender a un gran número de clientes, incluso millones, según la capacidad y el diseño de la plataforma.

Justamente en este contexto, Bessemer Venture Partners, firma estadounidense de capital de riesgo especializada en empresas tecnológicas, analizó este modelo en su informe Scaling to $100 Million. Allí estudió diversas empresas con modelo SaaS y destacó el bajo costo de replicar y distribuir software como un elemento central de su estructura económica. Su principal conclusión es que esta capacidad permite que los ingresos crezcan sin que los costos de entregar el producto aumenten en la misma proporción, generando economías de escala y márgenes más atractivos a medida que la empresa crece.

Lo anterior permite entender tres conceptos fundamentales: la escalabilidad, que es la capacidad de aumentar la actividad sin que los recursos crezcan en la misma proporción; las economías de escala, que aparecen cuando el costo promedio disminuye al aumentar el volumen; y el costo marginal, que corresponde a lo que cuesta atender una unidad adicional, como un nuevo cliente o un contrato más.

En un modelo SaaS, la inversión en el producto se distribuye entre muchos usuarios. En el despacho tradicional, una parte considerable del costo se vuelve a producir con cada encargo. Esa diferencia ayuda a explicar por qué aumentar las ventas puede mejorar mucho la economía de un modelo y apenas aliviar las exigencias operativas del otro.

El software también requiere soporte, ventas y mantenimiento. La ventaja consiste en que determinados recursos pueden servir a un volumen de negocio mucho mayor. Esta es la lógica que las empresas de servicios tienen hoy la oportunidad de incorporar.

Julien Bek y la oportunidad de los servicios como software

Julien Bek, socio de Sequoia Capital, aborda directamente esta oportunidad en su columna Services: The New Software, publicado el 5 de marzo de 2026. Su tesis es que la IA permite construir empresas que venden el trabajo terminado y aprovechan el software para producirlo.

Bek distingue entre las herramientas que asisten a un profesional y las empresas que entregan directamente el resultado que necesita el cliente. Incluye los servicios jurídicos y menciona a Crosby como ejemplo de una empresa que comenzó por acuerdos de confidencialidad, un encargo acotado que muchas compañías ya suelen externalizar.

Su tesis no fue escrita específicamente para analizar la transformación de los despachos de abogados. Se trata, más bien, de un análisis sobre inversión y desarrollo empresarial, que no garantiza la rentabilidad de cualquier servicio. Sin embargo, ofrece una base valiosa para el cuestionamiento y replanteamiento que propongo en esta columna.

Aplicada a un despacho legal, mi lectura es que podemos conservar la relación profesional con el cliente y rediseñar la forma en que cumplimos el encargo. El cliente sigue contratando una prestación jurídica. Lo que cambia es cuánto trabajo repetitivo necesita ejecutar el equipo para entregarla correctamente.

Cómo la IA acerca ambas economías

La automatización convencional (procesos robóticos) funciona bien con instrucciones estables: completar campos, asignar responsables o enviar avisos. Sin embargo, la IA amplía las posibilidades sobre materiales habituales en los servicios profesionales: correos, conversaciones, contratos, análisis y otros documentos que contienen información poco estructurada, pudiendo asistir en la extracción de antecedentes, la clasificación de solicitudes, la comparación de textos y la preparación de borradores. Cuando estas capacidades se integran con criterios profesionales y controles de calidad, es posible organizar una parte mayor del servicio como un proceso repetible.

Para una empresa jurídica, la oportunidad debe comprobarse en sus propios procesos. Una revisión de contratos, por ejemplo, puede partir de una entrada estructurada de información, una biblioteca de criterios y un análisis preliminar asistido. El abogado valida la entrega, resuelve excepciones y se concentra en las cuestiones que requieren su intervención.

En ese modelo, una mejora en el procedimiento puede beneficiar a todos los encargos posteriores. El conocimiento deja de depender exclusivamente de la memoria de cada persona y también se incorpora a una capacidad organizada de la empresa.

Cómo esa escala puede aumentar los beneficios

Imaginemos, como ejercicio simplificado, un servicio con 20.000 euros mensuales de costos fijos y 100 euros de costo variable por encargo. Con 100 encargos, el costo total es de 30.000 euros y el costo medio de 300 euros. Con 200 encargos y la misma estructura fija, el total sube a 40.000 euros, pero el costo medio baja a 200 euros.

El ejemplo muestra una economía de escala: la estructura compartida se reparte entre más entregas. La IA puede contribuir a hacer viable esa capacidad y a reducir el trabajo variable, siempre que el ahorro supere el costo de tecnología, revisión y mantenimiento. Si el precio se conserva, queda más beneficio por encargo; si parte del ahorro se traslada al cliente, puede abrirse un mercado mayor.

Ahora bien, para que este modelo funcione, debe existir demanda y capacidad de supervisión. Esto es especialmente relevante porque, al menos en una primera etapa, un despacho sigue vendiendo servicios profesionales y no productos completamente autónomos. Por eso, la transformación debe abordarse de forma integral: primero, identificando mediante un proceso de discovery cuál es el problema real que el despacho resuelve para sus clientes; luego, diseñando y prototipando una solución que pueda estandarizarse y, eventualmente, convertirse en un producto que el cliente consuma de manera más autónoma. En este proceso cobran especial importancia roles como el Legal Product Designer y el Legal Engineer, que ayudan a comprender el problema, diseñar la solución y convertir el conocimiento jurídico en servicios y procesos escalables.

Ahorrar tiempo no equivale automáticamente a generar utilidad. Las horas liberadas pueden permitir atender más asuntos, mejorar el servicio o evitar costos futuros, pero la empresa debe convertir esa capacidad disponible en ventas y entregas rentables.

Ese es el cambio de fondo: desarrollar un servicio cuyo crecimiento dependa cada vez más de una capacidad reutilizable y menos de repetir la misma cantidad de trabajo para cada cliente.

Una ruta práctica para construir un servicio escalable. Los 9 pasos.

Desde mi punto de vista, existen nueve pasos básicos que hay que dar para acercarnos a un modelo de escala que permita maximizar los beneficios del negocio legal.

1. Elegir un servicio concreto con demanda comprobable

Empieza por una necesidad frecuente, con entregables reconocibles y suficientes casos similares. La revisión de una categoría específica de contratos puede ser un mejor punto de partida que intentar automatizar toda la asesoría empresarial. Habla con clientes, revisa ventas anteriores y confirma cuánto están dispuestos a pagar. Un proceso eficiente sin demanda no genera economías de escala aprovechables.

2. Medir cuánto cuesta entregarlo hoy

Registra tiempo de preparación, ejecución, revisión, comunicación y corrección. Añade herramientas, proveedores y una remuneración razonable por el trabajo de los socios. Separa costos de prestación, captación y estructura para evitar duplicidades. El resultado debe mostrar cuánto deja cada encargo y dónde consume recursos; facturar mucho no basta para saber si es rentable.

3. Convertir el servicio en una oferta definida

Esto suele llamarse productización: establecer alcance, requisitos de entrada, entregables, plazos, precio y exclusiones. Por ejemplo, una revisión contractual puede limitarse a determinada extensión y jurisdicción. Los asuntos que exceden esas condiciones siguen una ruta especial y una cotización propia. Así puedes estimar el esfuerzo y evitar que cada venta esconda un servicio distinto.

4. Diseñar el proceso completo antes de automatizarlo

Dibuja qué ocurre desde que llega la consulta hasta que se cobra y cierra el encargo. El servicio que entregas es parte de una cadena productiva en donde debes tener plena claridad de cada etapa y actividad. Identifica datos duplicados, esperas, aprobaciones y tareas que no aportan valor. Asigna un responsable al proceso y un registro central del asunto. Si la IA acelera la redacción, pero el expediente sigue esperando días por documentos o revisión, la capacidad total apenas cambiará.

5. Aplicar la tecnología adecuada a cada tarea

Las reglas convencionales sirven para asignar responsables, enviar recordatorios o completar plantillas con datos estructurados. La IA puede asistir en clasificación, extracción de información, resúmenes y borradores. Define qué puede avanzar automáticamente, qué requiere validación y cuándo se deriva una excepción. Incorpora permisos, trazabilidad y tratamiento adecuado de la información del cliente desde el diseño del servicio.

6. Probar con un piloto y medir el costo del resultado correcto

Compara encargos semejantes con y sin el nuevo flujo. Mide el tiempo total, los errores relevantes, el trabajo que debe repetirse y el costo de revisión humana. Establece previamente criterios de aceptación y una vía manual de respaldo. Una tarea que termina rápido, pero exige una corrección extensa, puede ser más cara. El indicador útil es cuánto cuesta una entrega que cumple el estándar del despacho.

7. Ajustar el precio para capturar el valor creado

Si cobras exclusivamente por horas efectivamente trabajadas, reducirlas puede disminuir la factura. Evalúa precios fijos por entregable, planes por volumen o suscripciones cuando exista una necesidad continuada, con condiciones transparentes y compatibles con las reglas profesionales aplicables. Una suscripción necesita límites de uso y cobros definidos para servicios adicionales. También puedes trasladar parte del ahorro al cliente para acceder a segmentos antes poco viables.

8. Convertir la capacidad liberada en un resultado económico

Ahorrar horas no reduce automáticamente la nómina. Decide si utilizarás esa capacidad para atender más clientes, mejorar la calidad, evitar futuras contrataciones o desarrollar otra oferta. Forma al equipo en nuevos roles, acorde a los tiempos de hoy, para revisar excepciones y mantener el sistema. Incluye el costo comercial de llenar esa capacidad y el tiempo necesario para recuperar la inversión inicial. La eficiencia solo se convierte en rentabilidad cuando tiene un uso concreto.

9. Escalar por etapas con un tablero sencillo

Antes de aumentar el volumen, revisa el costo por encargo aceptado, margen operativo, horas de intervención humana, errores y entregas a tiempo. Añade el costo de adquisición de clientes, es decir el gasto comercial atribuible dividido por nuevos clientes, y, si trabajas por suscripción, la proporción de clientes que cancelan. Observa también los cobros: tener beneficio contable no garantiza disponer de caja para pagar al equipo.

Aumenta la actividad de forma gradual y comprueba cuándo aparece el siguiente límite de capacidad. Un supervisor adicional, una nueva licencia o más atención al cliente pueden elevar los costos por tramos. Actualiza el modelo con esos saltos en lugar de proyectar indefinidamente la misma estructura.

Una nueva forma de construir una empresa de servicios jurídicos

Los despachos cuentan con activos valiosos para aprovechar esta oportunidad: conocen las necesidades de sus clientes, los puntos donde el trabajo se atasca y los criterios necesarios para evaluar una buena entrega. El desafío empresarial consiste en convertir ese conocimiento en procesos que puedan repetirse y mejorarse.

La IA permite explorar una forma de crecimiento que antes resultaba más difícil para muchas firmas. Una operación bien diseñada puede atender más clientes, ofrecer precios accesibles y conservar una mayor parte del valor que genera. El beneficio también puede reinvertirse en mejores profesionales, especialización y nuevos servicios.

La pregunta para quienes dirigimos empresas de servicios jurídicos es qué parte de nuestro trabajo podemos transformar en una capacidad que se aproveche cientos de veces. Ahí empieza la posibilidad de construir un despacho que crezca con economías de escala.

Felipe Besnier

Abogado
Agente de Transformación Digital, EAE Business School Barcelona
Magíster en Derecho de la Empresa, LL.M., PUC